Viendo un antiguo álbum de fotos de mi abuela, de esos que se hacian de hojas de cartulina negra en el que en cada página entraban a lo mucho cuatro fotos, me puse a pensar que si la vida es una sucesión de instantaneas, quizá el espacio vacío entre ellas sea precisamente aquello que debemos desechar de nuestros corazones, aquello que no se debería guardar y a lo que llamaríamos la zona del olvido. Por el contrario, es natural que debamos conservar ciertos momentos claves de nuestras vidas; momentos especiales que o no se sucederan nunca o, si se repiten, lo haran de forma muy esporádica.
Cuando el fin de semana pasado tuve la ocasión de participar en las bodas de plata de mi promoción de colegio secundario tuve la sensación de que el haber estado presente contra cualquier otro compromiso fue lo más acertado que hice en estos últimos meses. Mezclarme con un grupo de personas que habían formado parte de mi "dia a dia" hace 25, 27, 28 y hasta 29 años fue algo indescriptible. Verlos -a unos desde lejos y a otros a través de una conversación-, en sus nuevas "formas" pero en sus mismos "fondos" hizo que pensara que en realidad lo que cambia son las manifestaciones exteriores de nuestras conductas y personalidades pero nunca el yo interior. Dificilmente las actitudes serias, los rostros maduros y las maneras actuadas pueden esconder el verdadero ser interior que guardamos desde niños. Estar frente a mis compañeros de promoción me hizo pensar en el por qué nuestros padres y parientes mayores siempre nos ven como esos mocosos palomillas a pesar de nuestros años, nuestras esposas, nuestros doctorados y nuestros hijos a cuestas. Tal vez sea porque sus ojos se quedaron congelados en una época determinada de nuestras vidas -la mejor. Quizá, sea también la forma en como nos vemos hoy quienes en el pasado fuimos compañeros de colegio.
Lo cierto es que a pesar de todo, el sábado 13 de Octubre nos reunimos 11 de los "51 lápices". Lamentablemente, muchos no pudieron participar por estar fuera del país o por diversas otras razones. Aún así estuvieron presentes en nuestras bromas y conversaciones del día.
Primero, participamos de una misa en la iglesia de Magdalena y visitamos el antiguo colegio de primaria. Luego, pasamos al local de San Miguel en donde luego de una breve ceremonia y la re-aparición de Roberto Ramírez Ynguil (foto 3 cruzado de brazos y bigotes) hicimos el brindis de honor protocolar. Finalmente, un grupo pequeño acompañados por 3 compañeros de la sección "E" (foto 4 al fondo) nos fuimos a comer al bolivariano.

Por la noche, luego del aburridisimo partido Perú-Paraguay nos juntamos para la fiesta de cierre. Las siguientes fotos nos dan algunas vistas de las mesas de nuestra sección y la participación del "chino" en la orquesta.

Ricardo Espinoza, Rodney Peramás, Alfredo Concha y yo con nuestras esposas
Francisco Neyra y Juan Carlos Pérez, sueltos en plaza, José López y Javier Rodríguez en pleno baile con sus esposas

Mario Ramírez, Arturo Aliaga, Jorge Quispe y Roberto Ramírez con sus esposas y parejas

La foto de rigor -tomada por Arturo Aliaga- con todos los asistentes
...y la última de todas (miren la fecha y hora de la foto)
Una fiesta inolvidable!!.
Mención especial me merecen Rodney Peramás que llegó dede Venezuela y se convirtió en el puente de su sección inicial "F" y la que terminó "E" así como la simpatía de su esposa. Esperamos tenerlos en cada visita a Lima.
Otra mención me merece Roberto Ramírez que motivó a más de uno a compararlo con un actor de cine mexicano. Para todos fue un gusto muy grande verlo despues de 25 años acompañado de su linda esposa -que no lo soltó para nada. El chino decía que le tomen bastantes fotos pues no lo veremos hasta las de oro pero ya ofrecieron aparecer más seguido.
Y para todos ...hasta la próxima reunión muchachos.
lunes, octubre 22, 2007
Despues de 25 años, mucho más que bodas de plata
Etiquetas: claretiano
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