Mostrando las entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas

martes, diciembre 30, 2008

Los 14 de Ale

 

Alejandro (Ale) es el hijo mayor de mi hermano que también se llama Alejandro (Alejo), como nuestro padre. Es decir toda una línea de alejandros ramirez-guerra al que cada generación la ilusión y la fogosidad agregan un apellido materno. Una línea que no sabemos si continuará en el tiempo pero que en cada generación deja su propia historia.
Este año, Ale celebró sus 14 años y por primera vez lo hizo con su familia paterna. Debimos esperar mucho tiempo para desearle FELIZ CUMPLEAÑOS. Se lo dijimos el 21 de Diciembre y se lo decimos de nuevo con este post. Que vengan muchos más Ale!!!

miércoles, marzo 12, 2008

Cuarentidos

Hay muchas formas de medir la edad de una persona: Los años vividos es la más común, sin embargo; los kilometros recorridos en viajes; las penas sufridas; los logros alcanzados; las parejas tenidas. Algunos, incluso, se atreven a decir con cierta ironía que hasta las horas de sexo gozadas hablan de la edad de una persona. Lo cierto es que la edad biológica ha resultado ser un referente no siempre confiable al momento de ponerle la edad a alguien. Hay viejos inmaduros e irresponsables y niños totalmente "centrados".

Sea como sea, hoy cumplo 42 años. O mejor dicho los cumpliré exactamente dentro de 13 horas cuando el reloj Cyma que heredé de mi padre marque en mi muñeca izquierda las 5:11 de la tarde. Hoy mi madre seguro despertará recordando que hace 42 años un dolor inmenso le provocó un alumbramiento prematuro a las 28 semanas de gestación. Yo me declaro inocente. No sabía nada.

A estas horas que se me ocurre escribir -con cierto grado de nostalgia- pienso que nadie de occidente recuerda que es mi cumpleaños. Todos duermen a las 4 de la mañana. Hace cuatro horas, a las cero horas, mi esposa por primera vez no inició el ritual de los ultimos 15 años: abrazarme, besarme y hacerme sentir querido, irresponsablemente querido. Dentro de 2 horas, mi hijita saltará a mi cama con un regalo en la mano y me "despertará" gritando ¡feliz cumpleaños papito!. Mi última mañana de 41 años habrá comensado.

La vida está hecha de ciclos. Los hay diarios marcados por las horas, semanales por los días, mensuales por las semanas, anuales por los meses y estaciones, septianuales por los años. La vida esta hecha de pasado, presente y futuro.

Si se me preguntara sobre mi pasado me sentiria satisfecho y diria que hubo de todo: amor, odio, perdón, olvido, venganza, felicidad, pena, dolor, soledad, plenitud, lágrimas, alegría, esperanza, ilusión y también desilución, ira, fe, amargura, vacío. Todo lo que un ser humano pueda sentir a los 40 años. El Eterno no me privó de nada en los 41 años que me tuvo aquí. En cada ciclo repetí las mismas sensaciones que en el anterior aunque con otro espíritu y otros ojos. En cada ciclo me enfrente a las mismas experiencias pero de manera diferente y cada vez que lo hacía me sentía distinto a pesar de seguir siendo el mismo. Creo que es lo que llaman evolución o madurez. Debe ser, pues ya no me duele tanto el olvido, y la amargura ahora es para mí estar lejos de mi familia.

Si tuviera que hablar del presente no diría nada. Me sentiría vivo. Plenamente vivo. Miraría a mi alrededor y borraría con una mirada todo lo que me rodea. Me quedaría totalmente solo por un momento, cerraría los ojos y volvería abrirlos para ver como se va llenando
mi universo nuevamente y poco a poco con las mismas cosas, con las mismas personas, con el mismo mundo que tengo hoy. Querría empezar siempre de nuevo regenerándolo todo hasta el infinito. Me quedaría en el presente con el hacer más que con el decir.

Y si del futuro se tratara, no diría nada ni haría nada; sólo sentiría. Sentiría el vacío que se va llenando con mis pensamientos, con mis ideas, con mis emociones y mis acciones. Sentiría el paulatino movimiento que desde lo lejos viene hacia mí y va cubriendo mi vida. No me correría. Me agarraría fuerte de la mano de quienes más quiero y le daría mi cara al viento fresco que enfría mi rostro.

Así concibo mi vida a mis 42 años y para plasmarla entiendo su pasado con mi habla, su presente con mis acciones y su futuro con mi espíritu. He aprendido a mirar el pasado con dulzura y nostalgia, a vivir el presente con fe y entusiasmo y avizorar el futuro con alegría y sin miedos.

Si tuviera que morir ahora aceptaría mi destino serenamente pero no entendería por qué el movimiento que se me acerca desde lo desconocido tendría que desaparecer tan fácilmente o por qué el viento que golpea mi rostro cada mañana tendría que dejar de ser fresco.

Haber escrito estas palabras el amanecer del día de mi cumpleaños ha sido lo más escandalosamente abierto que he hecho en los 60 años que tengo desde que mi padre deseo tenerme.

FELIZ CUMPLEAÑOS A TODOS POR AGUANTARME...pasenla bien pues yo disfrutare un día más que El Eterno me regala

domingo, octubre 21, 2007

Cumpleaños Lea (2007)

Como todos los años, los hijos soplan una vela más. QUE TERRIBLE!!!. Mi muñequita se hace cada vez más grande sin pedir permiso y yo cada vez más canoso.

Este año fue en el Bembos de Camino Real. Todo un hito pues inaugurabamos nuestra presencia en sus remodelados ambientes.

Está demás decir que estuvimos hasta pasada las 8PM pues muchos de los primos y amigos de Lea
no querían moverse del local.

Al final, mi hija no pudo recibir las 12 del 21 y a las 10 de la noche ya estaba soñando con todo lo
que jugó en el día.

lunes, octubre 08, 2007

La partida de Luli y el temblor en Pisco

En una oportunidad un niño encontró un nido con huevos que había caído del árbol que estaba detrás de su casa. Fascinado, lo tomó con mucho cuidado y los miró por dos días seguidos hasta que debió salir fuera de la ciudad por una semana. Al regreso a casa, fue a buscarlos al pie del árbol y quedó transtornado al ver que los huevos estaban rotos. Entonces, corrió hacia su padre diciendole que los huevitos que había dejado estaban rotos y en el nido tan sólo habían cáscaras vacías. "-No, hijo" le contestó el papá, "los huevos no se dañaron y las cáscaras que ves son los restos que dejaron los pajaritos que escaparon de los huevos. Ahora podrás verlos volar entre los árboles, en el cielo. Ahora son verdaderamente libres."

Si hoy tuviera los 11 años que tenía cuando conocí a Lorenzo Guerra Mansilla (mi tío Luli-hermano de mi madre) habría quedado fascinado con ésta historia y acaso estuviera buscándole entre los árboles, tratando de identificar cuál de los pajaritos es realmente él; pero no tengo esos once, y a mis 41 años la muerte es algo mucho más complejo que uno debe asumir con mucha serenidad.

De chico no fui muy amigo de mi tío Luli. Cuando era niño, y por su porte, hasta le temía. Representaba a mi abuelo materno en la familia. Era un hecho que ante la ausencia de mi padre, cualquier cosa mala que hiciera con la que mi madre no pudiera lidiar llamaría a su hermano. Pasado el tiempo, en cambio, y a medida que fui creciendo, empezamos a establecer una relación más de hombres que de parientes. La imagen austera que tenía de él empezó a transformarse en una visión más tierna en la que veía a un hombre que había vivido sus días intensamente. De hecho que nuestro punto de encuentro eran los temas de derecho y especificamente los judiciales. Él, tratando de mantener "la práctica" y yo, pretendiendo introducir "la nueva práctica".

En los últimos años pude compartir varios almuerzos con él en casa de mi madre y eran oportunidades que tenía para bromearle y tratar de "hacerlo caer". Nunca lo logré. Su mente siempre ágil y sus respuestas oportunas neutralizaban mis ataques en medio de risas. Al final de la mesa me quedaba el sabor de que la austeridad de su carácter a la que solía temer de niño nunca fue completa pues estaba mezclada con algo de suavidad y dulzura. Con los años Luli fue para mí un austero dulce.

Es feriado en el Perú y nosotros velamos al tío Luli. Está nublado, hace frio y un nuevo temblor sacude Lima. Acaso sea que con el tiempo precisemos detenernos para recordarle como si fuese feriado. Acaso de vez en cuando necesitemos la fuerza de su voz para sacudirnos haciendonos saber que aún estamos vivos.

Hoy, mi tío Luli ha muerto. Me negué a verlo en su velorio. Prefiero tomarme una copa de vino en su nombre y recordarlo riendo y acaso, de vez en cuando, atreverme a buscarlo entre las ramas de los árboles.